jueves, 9 de abril de 2026

La ética del cuidado en la formación docente: una lectura a partir de “El cuidado esencial”




Introducción

El artículo El cuidado esencial, de Tomás Sánchez Amaya (2014), constituye una propuesta ética de gran actualidad, al resaltar la labor del docente no solo desde la perspectiva pedagógica ni desde el contexto social de cada estudiante, sino desde una dimensión más profunda: el cuidado integral del ser humano. En este sentido, el autor plantea que la educación trasciende la transmisión de conocimientos y se sitúa en el ámbito de la formación ética, emocional y social del estudiante.

Desarrollo

El texto destaca que el docente debe cuidar al estudiante en su integridad, considerando sus emociones, su dimensión social y su dignidad humana, a partir de valores como el respeto, la solidaridad, la confianza, la ternura, el amor y el entendimiento. De esta manera, el aprendizaje no se limita a lo cognitivo, sino que se construye desde la dignidad del estudiante como sujeto.

Asimismo, se plantea que el buen profesor es aquel que tiene en cuenta el cuidado de sus estudiantes desde una perspectiva humana, integral, social y emocional, en la que priman valores, conductas y comportamientos orientados al bien, tanto en su formación profesional como en su desarrollo ético.

Sánchez Amaya (2014) indica que un buen docente es aquel que cuida al estudiante para que pueda convivir y aprender armónicamente. No se trata exclusivamente de conocer aspectos relacionados con su procedencia ni únicamente de comprender las problemáticas que afronta cada estudiante; sin embargo, reconocer el contexto en el que viven aporta información relevante que permite al docente orientar acciones pedagógicas más pertinentes y contextualizadas.

En este sentido, es importante que tanto el docente como los estudiantes comprendan que cada persona constituye un mundo diferente, pero al mismo tiempo se encuentra estrechamente vinculada a los demás a través de relaciones éticas y humanas. Estas relaciones deben construirse desde el reconocimiento de las diferencias, el respeto, la tolerancia, la solidaridad y el aprecio mutuo. En consecuencia, la enseñanza no puede prescindir de la articulación entre razón y sensibilidad.

Desde esta perspectiva, la propuesta de Sánchez Amaya dialoga con los planteamientos de la ética del cuidado desarrollados por autoras como Nel Noddings (2003) y Carol Gilligan (1982), quienes enfatizan la importancia de la empatía, la relación y la responsabilidad hacia el otro como fundamentos de la acción moral. Asimismo, se articula con la visión pedagógica de Paulo Freire (1997), quien plantea que educar implica un compromiso ético con la formación de sujetos críticos y conscientes.

En el marco de esta reflexión, puede afirmarse que la ética propuesta por Sánchez Amaya no se limita a una racionalidad normativa, sino que integra la razón con la sensibilidad. Si bien el autor reconoce la razón como guía del comportamiento humano, su planteamiento evidencia que el ejercicio docente requiere también empatía, escucha y compasión como condiciones para el aprendizaje significativo.

De este modo, la enseñanza implica no solo la transmisión de contenidos, sino el comportamiento ético del docente orientado a la comprensión de los estudiantes. El aprendizaje significativo se logra cuando el estudiante puede vincular nueva información con sus experiencias, en un entorno donde se siente reconocido y valorado.

Desde la perspectiva ética, el docente tiene además la misión de formar conciencia social y ambiental, promoviendo valores como la solidaridad y el respeto por la diferencia. En este sentido, la educación se proyecta más allá del aula y se orienta hacia la formación de ciudadanos responsables con los otros y con su entorno.

 Discusión crítica

No obstante, es pertinente señalar que la ética del cuidado, aunque fundamental, enfrenta tensiones en contextos educativos marcados por exigencias institucionales, estandarización y resultados medibles. En muchos casos, las dinámicas del sistema educativo limitan la posibilidad de ejercer plenamente una pedagogía centrada en el cuidado.

Esta tensión plantea un desafío: ¿es posible sostener una ética del cuidado en sistemas educativos que priorizan la eficiencia sobre la formación integral?

La respuesta no es simple, pero sugiere la necesidad de resignificar el rol docente, no solo como transmisor de contenidos, sino como agente ético que resiste prácticas deshumanizantes y promueve una educación centrada en la dignidad humana.

Conclusiones

El planteamiento de Sánchez Amaya (2014) permite comprender que la docencia no puede reducirse a una función técnica. Educar implica cuidar, y cuidar implica reconocer al estudiante como sujeto integral.

La ética del cuidado se configura, así, como un eje fundamental en la formación docente, al articular razón y sensibilidad, conocimiento y humanidad. En consecuencia, el docente no solo forma en contenidos, sino en valores, contribuyendo a la construcción de una sociedad más justa, solidaria y consciente.

En este horizonte, la pedagogía del cuidado no es un complemento del ejercicio docente, sino su fundamento ético.

Referencias

Sánchez Amaya, T. (2014). El cuidado esencial: una propuesta ética de actualidad.

Noddings, N. (2003). Caring: A feminine approach to ethics and moral education (2nd ed.). University of California Press.

Gilligan, C. (1982). In a different voice: Psychological theory and women’s development. Harvard University Press.

Freire, P. (1997). Pedagogía de la autonomía: Saberes necesarios para la práctica educativa. Siglo XXI

Editores

La producción, redacción, interpretación y responsabilidad del contenido corresponden exclusivamente al autor Héctor Salinas Castellanos.

El artículo fue elaborado con apoyo de herramientas de inteligencia artificial para la organización de ideas y sugerencias bibliográficas. 

 

 


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